miércoles, 18 de octubre de 2017

EL CRUCE POR LA LIBERTAD. EJÉRCITO DE LOS ANDES 200 AÑOS














-          
       Señor JEMGE
-          Señores Generales en actividad y retiro

Agradezco la gentileza del señor JEMGE de otorgarme el privilegio de presentar este libro, lo que constituye un honor para mí.
Al igual que con otras actividades que se están llevando a cabo en el corriente año, la motivación principal de escribir este libro fue la de rendir un homenaje a los hombres y mujeres que hacen 200 años dieron todo de sí para que hoy disfrutemos de una nación libre e independiente.
La idea de su confección surgió en el mes de agosto del año pasado, cuando en una charla por mail, el Señor General López Ardiles, presidente de la Academia de Historia Militar de Chile, con quien establecimos una estrecha relación en el 2016 durante el Congreso Internacional de Historia Militar que organizamos en Buenos Aires, me propuso hacer un libro conjunto entre su academia y nuestro Instituto y presentarlo en la ceremonia que se llevaría a cabo, como efectivamente sucedió, el 12 de febrero de este año en el monumento a la batalla de Chacabuco en Chile.
Debo decir que además del interés histórico del señor General, por estar presidiendo una institución similar a la nuestra, él es chozno de un López Ardiles que a órdenes de nuestro Gran Capitán, combatió en Chacabuco.
Comprendiendo no sólo la importancia histórica sino institucional y política que este proyecto tenía, acepté de inmediato y luego pensaría quienes colaborarían en la obra y cómo nos repartiríamos los diferentes capítulos.
Consulté luego con dos miembros de número del Instituto de Historia Militar, en quienes me apoyo frecuentemente por su experiencia, el Señor Grl VGM Diego Soria y el Doctor Guillermo Palombo y por supuesto me dieron su total apoyo.
Habrían pasado 10 días cuando el Grl López Ardiles me informa que se había presentado en Chile un libro escrito por un historiador chileno titulado “De Mendoza a Chacabuco”, de excelente calidad historiográfica aunque de modesta presentación formal. Dicho libro habría sido del agrado del Cte J del Ejército chileno y habría resuelto hacer una edición de calidad y sería el libro que Chile presentaría en ocasión de la ceremonia del bicentenario.
Como un caballero que es el señor General, aunque no me expresó más nada, pero me estaba diciendo, lo siento, no fue mi intención, pero el proyecto conjunto se murió.
Le agradecí e inmediatamente le expresé que no nos podía sorprender Maipú en el 2018 ya que tendríamos un año y medio por delante, cuestión que más tarde aprobaron nuestro JEMGE y el Cte J del ejército chileno y el proyecto está en sus inicios.
De allí surgió la idea de hacer este libro, porque la epopeya de los Andes y su epílogo en Chacabuco, es un bicentenario, de los varios que estamos cumpliendo y seguiremos cumpliendo, demasiado importante para que pase desapercibido en nuestro país.
Las ideas pueden ser muy buenas, pero si no hay manera de gestionarlas, allí quedan como buenas intenciones.
Recibí el apoyo irrestricto y muy entusiasta del ex Secretario del Ejército, Grl Noriega y del Grl Suñer para llevar a cabo esta idea, no sólo en algo fundamental como lo es el apoyo financiero, sino que además el Grl Noriega me puso a disposición toda la apoyatura de la Secretaría para confeccionar el libro y quien  alguna vez se dedicó a esto, debe saber el tremendo esfuerzo de corrección, diagramación y compaginación que hay detrás de un libro.
Quienes trabajaron en su confección?. El señor General Br VGM Diego Soria, que todos conocen muy bien, y es a quien molesto frecuentemente por teléfono para requerir su opinión o consejo en los asuntos del Instituto de Historia Militar. Fue Jefe del Regimiento de Infantería 4 en la guerra de Malvinas, Presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano durante varios años y Académico de número de la Academia Nacional de la Historia, sólo para nombrar, entre otros, algunos de sus pergaminos.
El Doctor Guillermo Palombo,  quien es integrante del Instituto desde que el Grl Goyret lo recreara en 1994. Historiador de fuste, muy experimentado y sumamente riguroso y detallista en sus trabajos de investigación. Alguna vez le dije “menos mal que no te tuve de superior, profesor o integrante del tribunal de tesis, porque me hubieras destruido”, usando otras palabras…..El Doctor Palombo es miembro de número del Instituto Nacional Sanmartiniano, también entre otros pergaminos.
Colaboraron con las ilustraciones y los mapas, aspecto fundamental en un libro de historia para hacerlo más ameno, el Doctor Julio Luqui Lagleyze y el Coronel VGM  Alfredo Stahlschmidt.
Los cuatro hacedores del libro forman parte del grupo  de historia militar de la Academia Nacional de la Historia, grupo que dirige el Doctor Miguel Ángel De Marco.
Hasta aquí la génesis de este libro y sus protagonistas, hablemos ahora un poco de su contenido.
Un libro es un borrador que su autor se cansó de corregir y quienes participamos de este libro, no escapamos a esta regla de oro y seguramente cuando recorramos sus páginas seguiremos  encontrando defectos y aspectos a corregir y mejorar, pero en algún momento hay que mandarlo a la imprenta.
Con esto quiero decir que por haber sido parte de este libro, seré poco objetivo en su análisis y serán los lectores los que juzgarán su contenido, pero permítanme expresar mi muy modesta visión de este libro.
Dos cuestiones fundamentales le dan al mismo una personalidad particular, una es de forma y la otra de fondo.
En su diagramación fuimos intercalando ilustraciones para que el lector las relacione con el relato y le permita hacer más fácil volar su imaginación. Asimismo intercalamos mapas para entender con un elemento gráfico lo que se está narrando gráfica y temporalmente.
En mi escaso tiempo dedicado a la Historia Militar, he podido comprobar que esto de los mapas es una falencia reiterada de los historiadores. Extensos relatos de ambientes geográficos y campañas, sin el mapa que permita visualizar lo que se está describiendo.
Quizás sea un defecto mío, por esa necesidad que tenemos los soldados de disponer de la carta claramente pintada, de modo que allí encontrarán los mapas que necesitan para seguir sin inconvenientes el relato.
Cada capítulo responde a una temática diferente, pero además los hemos subdividido en partes separados por un número romano, para cambiar de tema y no hacer tan monótona su lectura.
El segundo aspecto, el de fondo, es el que le pone un sello particular al libro. El mismo está confeccionado fundamentalmente sobre la base de documentos y no de la extensa bibliografía que existe al respecto, aunque en algunos casos ambos aspectos, documentos y bibliografía se confrontan.
Existe una gran diferencia entre un libro que se apoya en citas de otros libros y uno como este que se sustenta en documentos, máxime cuando los mismos son la correspondencia del actor principal, el General San Martín.
Constituye un acierto haber expuesto serialmente la correspondencia privada de San Martín con el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón y también la intercambiada con Tomás Guido, que era su colaborador en el Ministerio de Guerra. Todo esto publicado en un  tomo por el Instituto Nacional Sanmartiniano bajo el título de “Documentos para la historia del Libertador”.
Allí está la médula del pensamiento de San Martín, sus tribulaciones frente a los desafíos que tuvo que enfrentar a diario.
Leer este libro, será como estar escuchando al Gran Capitán hablando en primera persona y esto es lo que lo hace particularmente atractivo, interesante y con un sello historiográfico diferente a los demás libros sobre el tema.
Los autores nos describen el cuadro de la formación del Ejército de los Andes, el cruce de la cordillera y la batalla de Chacabuco, como un observador que acompañando a nuestro Libertador le permite analizar con mejor perspectiva las luces y las sombras de esta epopeya.
Si declarar la independencia no era soplar y hacer botellas, como le manifestara Godoy Cruz en una carta, tampoco lo era formar un ejército. Pocas veces entre nosotros, alguien hizo tanto con tan poco. San Martín formó un ejército, con lo que pudo y con lo que tenía.
Pese a las tentativas de formar un Estado Mayor, no había gente preparada para integrarlo y hacerlo funcionar como tal. No tenían la experiencia adquirida por San Martín en el servicio de estado mayor en España, de un ejército en campaña, donde las decisiones deben ser rápidas, sin vacilación y con el permanente riesgo de desatar tragedias.
A medida que se avanza en la lectura de los capítulos, se advierte que del texto surge una atmósfera impregnada por la personalidad de San Martín. Está presente en cada medida que toma. Se evidencia su pensamiento íntimo expresado a Pueyrredón y Guido, y así uno comprende que estamos ante quien fue más que un Jefe, porque ejercía sobre sus subordinados mando y autoridad. Por su mando le obedecían, por su autoridad era respetado y admirado.
El libro se detiene rápida pero minuciosamente en las características del vestuario y del equipamiento, del armamento y la munición y uno allí advierte a un comandante práctico que conoce el oficio de la guerra.
La investigación histórica, que no se detiene nunca, refleja en este libro de manera particular lo relativo a las circunstancias y características de la creación de la bandera de los andes, tratando de esclarecer nuevas incógnitas.
En la faz estrictamente operacional, describe su plan estratégico, al cual para entenderlo, primero deberíamos tener en claro lo que es la estrategia, aunque esta terminología no era la usada en la época.
La principal característica de la estrategia y su gran diferencia con la táctica,  es que se mueve en un alto grado de incertidumbre, porque siempre habrá una voluntad inteligente que se opone a la propia y difícilmente podremos saberla, porque esa intención estará en la cabeza del comandante enemigo y la única manera de reducir esa incertidumbre es hacerle hacer al enemigo lo que uno necesita que haga y esta  es para mí la más clara  definición de estrategia. Decía Napoleón “creado el acontecimiento la batalla está ganada”.
El General San Martín, que era un verdadero estratega y también un valeroso táctico, como lo demostró en San Lorenzo y en Chacabuco, concibió un plan para que el Mariscal Marcó del Pont hiciera lo que él necesitaba , dividir sus fuerzas ya que enfrentarlas reunidas hubiera sido una derrota casi segura. Al dividir sus fuerzas en un frente de casi 900 Km lo ponía en una situación de debilidad en todas partes y además mantuvo el secreto de su centro de gravedad, es decir el lugar por donde iría su esfuerzo principal, para que no tenga tiempo de reunir sus fuerzas. Esto fue la esencia de la estrategia de San Martín y lo logró con su plan de invasión y la guerra de zapa.

En lo que a táctica se refiere, constituye otro acierto de este libro, el sintético pero muy prolijo estudio sobre la influencia de la táctica francesa para la infantería y la caballería que se introdujo en España, a modo de ensayo en la última década del siglo XVIII y que influenció en el ejército realista que conducía el Mariscal Marcó del Pont.

Lo que diferencia a la Historia general con la Historia Militar, es que ésta debe necesariamente, terminar con conclusiones, experiencias, enseñanzas y críticas, para que el profesional militar y también el político, comprenda analizando el pasado, la realidad
del presente del pensamiento militar y se prepare mejor para el futuro. Este libro no nos dejará enseñanzas de lo tecnológico porque ya no combatimos con sables ni lanzas ni fusiles a chispa, pero si encontrarán mucho del comportamiento humano, del mando, de las crisis en el combate, de las previsiones logísticas. Dejamos al lector que saque entonces esas conclusiones que es lo que le da razón de ser a la Historia Militar y como dijera Liddell Hart “la historia militar es la base de la educación militar para quienes raramente podrán practicar su oficio”.


Me tocó la tarea de coordinar la confección de este libro y lo único que me resta expresar es mi sincero agradecimiento a quienes trabajaron en el mismo y a quienes me apoyaron incondicionalmente para que hoy tengamos este HOMENAJE hecho libro en nuestras manos.

lunes, 9 de enero de 2017

ALAIN ROUQUIÉ: "CUANDO LA HERENCIA DEJE DE SER UN PROBLEMA EL PERONISMO HALLARÁ UN LÍDER"



Por Alain Rouquié



En su último libro, el politólogo francés -experto en la historia argentina- analiza el peronismo, "una democracia hegemónica" con rasgos que hoy encuentra en América Latina, Rusia y Turquía.

París.- Hace 53 años que Alain Rouquié sigue con la paciencia de un benedictino la evolución de la Argentina. Más de medio siglo durante el cual sus análisis, artículos y publicaciones lo consagraron como el mejor especialista francés de nuestro país y de América Latina. Pero no es sólo esa prolongada asiduidad académica la que otorga precisión a su extensa obra. Lo que hace la diferencia es su empecinada objetividad. Esa imparcialidad se vuelve a manifestar en su último libro, Le siècle de Perón (El siglo de Perón), recientemente publicado en Francia por Seuil. En 403 páginas, el actual director de la Maison de l'Amérique Latine en París analiza con distancia histórica la experiencia peronista, sus errores, sus ambigüedades, sus aciertos y leyendas. Siguiendo paso a paso ese fenómeno político singular, Rouquié describe un tipo de régimen al que califica de "democracia hegemónica", que se reduce, esencialmente, a la consulta electoral. La mayor originalidad de Le siècle de Perón reside, sin embargo, en el enfoque globalizador del autor, convencido de que esa "autocracia electiva" que caracteriza la vida política argentina desde hace más de 70 años generó en el siglo XXI numerosas imitaciones, no sólo en América Latina, sino también en Europa e incluso en Asia.
Hace medio siglo que trabaja sobre la Argentina y, sin embargo, sigue sorprendiéndose ante la longevidad, la perennidad del peronismo. Recuerdo que hace varios años me dijo: "En Brasil, ¿quién se acuerda de Getulio Vargas?". Ahora lo repite en su libro.
Así es. En Brasil no existe un partido getulista. En Francia no hay más partido gaullista. En la Argentina, 70 años después sigue existiendo el peronismo, aunque esté dividido. Es único en el mundo. Ese fenómeno merecía ser estudiado. Una razón suplementaria fue el hecho de que aparecieron en América Latina varios regímenes que tenían características comunes con el peronismo. Pensé entonces que, para comprender esos nuevos regímenes, que son una suerte de manifestación de la democracia en un contexto particular, era necesario reflexionar a partir de una experiencia que duró casi un siglo, y que permite distinguir los factores, las condiciones de emergencia y las modalidades de funcionamiento de esos fenómenos.
¿Cuáles son esas características comunes entre el Perón del siglo pasado y esos nuevos líderes del siglo XXI?
La más importante es la de haber nacido de elecciones democráticas y pluralistas y, una vez en el poder, considerar que deben permanecer y tener el monopolio de la representación popular. Para todos ellos, los demás son ilegítimos.
¿Cuáles son los elementos comunes que encuentra entre el peronismo y, por ejemplo, la Rusia de Putin o la Turquía de Erdogan?
Hay elementos comunes en la emergencia de cada uno de esos regímenes, aunque a veces parezcan muy diferentes unos de otros. Me refiero a coyunturas en las cuales grupos sociales importantes son excluidos, rechazados, no representados. Donde se producen crisis económicas graves que afectan sobre todo a esos grupos, pero también a los demás. Y por fin, donde aparece un hombre que puede y que termina representando a esos grupos excluidos, que se apoya en ellos y consigue llegar al poder. En la Argentina era la clase media. La base del poder peronista estaba constituida por los sindicatos estatizados y por el ejército. Si miramos bien, en el caso venezolano también fue el ejército.
Pero no los sindicatos...
No, en Venezuela no fueron los sindicatos, que están en manos del partido socialdemócrata, sino el sector informal: las villas, los sectores que no tienen protección social. Me refiero a esos grupos sociales marginalizados por los dos gobiernos precedentes, que aplicaron recetas más bien liberales de ajuste que habían agravado la situación. Resultó el Caracazo, que fue el momento en que muchos sectores de la sociedad -en particular los militares- entendieron que había que cambiar el sistema.
Y en el caso de Rusia...
Puede parecer raro decir que Vladimir Putin tiene puntos comunes con Perón. Pero Putin fue primer ministro de Boris Yeltsin. Y con Yeltsin los rusos vivían en la miseria. Rusia era humillada por el resto del mundo. No sólo por la conducta de Yeltsin, sino también porque el fin de la Unión Soviética llegó acompañado de una gravísima crisis económica. Un grupo de predadores -los llamados oligarcas- se apoderaron de las empresas y la gente perdió todo. ¿Qué hizo Putin? Reactivó la economía, recuperó el control estatal de los principales recursos y, mediante una política ambiciosa y brutal, devolvió la dignidad internacional a su país y al conjunto de las clases sociales que se beneficiaron con la prosperidad. Porque no basta con llegar al poder diciendo "voy a refundar la república" y permitir a los excluidos, a los pobres, acceder a una vida digna y vivir en un país que funciona. También hay que tener los medios de una buena redistribución. Y para eso es necesaria la prosperidad.
Perón pudo hacerlo en la posguerra.
Exactamente, aunque no duró demasiado, del 47 al 50, más o menos. Cuando Chávez fue elegido en 1998 a la presidencia se presentó como un socialdemócrata, como un defensor de la tercera vía, tipo Blair o Clinton. Nunca habló de socialismo ni de revolución. ¿Por qué? Porque en 1998 el barril de petróleo estaba a menos de diez dólares. Si el petróleo no hubiese aumentado brutalmente, Chávez no habría permanecido tanto tiempo en el poder. Lo mismo sucedió en Rusia, gran productor de petróleo.
Usted señala otro elemento común: la voluntad de permanecer en el poder.
Esos gobiernos, que yo llamo "democracias hegemónicas", son de origen democrático y practican la democracia porque no suprimen el pluralismo. Pero controlan todos los contrapoderes. Y con el argumento de que son gobiernos reparadores, refundadores, consiguen convencer a la gente de que que no pueden ser reemplazados.
Y cuando no se puede conseguir la presidencia vitalicia se opta por la dinastía...
O se utiliza una especie de bricolaje que permite perdurar. Putin pasa la mano a Dimitri Medvedev, que lo reemplaza siendo alternativamente su primer ministro o presidente, y así gobernará quizás hasta 2025. En la Argentina era más bien familiar: Perón, Isabel, los Kirchner. En este último caso, el problema que tuvieron fue la muerte de Néstor. De lo contrario, estarían aún en el poder, pues él tenía una experiencia política que no poseía su esposa. Ese tipo de paso de posta no estaba prevista con Chávez, que había conseguido reformar la Constitución para ser elegido en forma ilimitada. Eso acaba de hacer Daniel Ortega en Nicaragua. No sólo eso, sino que además su mujer, Rosario Murillo, vicepresidenta, puede sucederlo en caso necesario. Y se necesita sólo 35% de los votos para ser elegido.
Usted dice en el libro que conoció a Perón. ¿Cuándo?
Lo conocí en Madrid, no me acuerdo del día, pero fue en enero de 1969, antes de que regresara a la Argentina. Yo pedí la entrevista.
¿Qué recuerdo conserva?
Tengo dos recuerdos. El primero es que me sentía bastante intimidado. Para el joven investigador que yo era, se trataba de un monumento histórico. Yo tenía un pequeño grabador que no conseguía hacer funcionar. Perón me dijo: "Démelo". Pero él era más torpe que yo, las manos le temblaban un poco. Entonces llamó: "Lopecito, vení aquí y arreglale el grabador al señor". Lopecito era López Rega. El segundo recuerdo es que estábamos los dos solos, pero él hablaba como si delante de él hubiese una multitud. Con los brazos abiertos, me hizo un discurso público. Yo le hacía preguntas que evidentemente no le gustaban. Se lo veía molesto. Por último, me hizo un elogio ditirámbico de Benito Mussolini. Estuvimos juntos unas dos horas. Una experiencia formidable que nunca había utilizado hasta ahora.
En su libro es extremadamente duro con las élites liberales argentinas. A su juicio, si éstas hubiesen comprendido el mensaje de Perón cuando llegó al poder y les dijo: "Yo terminaré con el comunismo, nuestro enemigo común", probablemente el fenómeno peronista no se hubiera desarrollado así.
Ése fue el primer error de las clases dirigentes. Pero hubo otro enorme error. La revancha social que nunca tendría que haberse producido. Si querían terminar con el peronismo era necesario que hicieran la política social del peronismo en una democracia. Fueron incapaces.
¿Cree que, con el tiempo, esos demócratas terminaron comprendiendo esos errores?
Creo... (dubitativo). Es verdad que pasaron tantas cosas en ese país desde entonces. El presidente Mauricio Macri no hizo una campaña antiperonista. Es por eso que fue elegido. Incluso fue a inaugurar una estatua de Perón en vísperas de su elección. Alguien como Macri, rodeado de gente que piensa, comprendió que podía ir contra los Kirchner, pero que Perón era intocable. Raúl Alfonsín hizo lo mismo. Nunca hizo antiperonismo. Denunció el pacto sindical-militar, pero el blanco no era Perón. Era la gente que había hecho ese pacto.
Hablemos de Europa. Usted menciona en su libro los peligros que pesan sobre el continente y sugiere que esas "democracias hegemónicas" podrían llegar incluso aquí. ¿Cree que existe también un extravío de las élites políticas europeas?
Hay sin duda cierta ceguera e incomprensión. Es difícil de entender que en Europa, la mayor alianza de democracias del mundo, cada vez que hay elecciones la gente se siente sumergida en la angustia. Están convencidos de que algo terrible sucederá. Lo vimos en Italia, lo vimos en Gran Bretaña. Es evidente que hay un problema. Lo que hay que preguntarse -y constato que las cosas no van en esa dirección- es si esos partidos contestatarios, nacionalistas, xenófobos, no responden a verdaderos problemas, desafíos e interrogantes.
En otras palabras, los partidos tradicionales no consiguen responder a los miedos de la gente.
En Estados Unidos, Hillary Clinton no respondió a los miedos de los electores, incluso en algún momento los insultó, menospreciándolos. Y cuando en Francia, ante el Frente Nacional (FN) tenemos un candidato (el conservador François Fillon) que presenta una plataforma ultraliberal, antiestatista y antisocial, uno se dice que es lo mismo que agitar un paño rojo delante de los electores de extrema derecha. En todo caso, muchos electores que apoyan al FN son iguales que los que votaron por Trump. Hay que darles respuestas. Es imposible tratarlos con desprecio porque son xenófobos, nacionalistas o porque "no comprenden nada". Por otra parte, los países europeos tienen instituciones sólidas. El Brexit no creó una crisis espantosa e incluso aquellos que lo promovieron se sorprendieron del resultado y hasta decidieron renunciar. Las instituciones pueden impedir o al menos canalizar esas corrientes antiinstitucionales y antipolíticas que proponen malas respuestas a cuestiones que no han sido resueltas.
¿Cómo ve el peronismo del siglo XXI?
Ese peronismo fue la familia Kirchner. Ahora, el peronismo está totalmente dividido, lo cual da fuerza a Macri. Cuando Cristina Kirchner dejó el poder tenía una tasa de popularidad muy alta. Después, de golpe, todo se derrumbó con las revelaciones de corrupción. Por otra parte hay un peronismo que trata de liberarse del control mortífero de los Kirchner, trabajando con Macri. ¿Cuánto durará? Ésa es la verdadera cuestión. A partir del momento en que la herencia del liderazgo deje de ser un problema, el peronismo se reunificará y hallará un líder, como siempre lo hizo, creando un serio problema para Macri. Una política de ajuste es siempre dolorosa, sobre todo después de un período en el cual había profusión de subvenciones. La modificación de todas esas anomalías provoca resistencias. En todo caso, creo que Macri es suficientemente hábil como para acompañar esos cambios indispensables con una política social. Pero estoy convencido de que el peronismo está al acecho, como lo ha estado siempre, desde hace casi un siglo.
Biografía
Alain Rouquié nació en Francia en 1939. Desde 2003 es presidente de la Maison de l'Amerique Latine en Francia. Entre sus obras se encuentran Poder militar y sociedad política en la Argentina, ¿Cómo renacen las democracias?, A la sombra de las dictaduras. En su país acaba de publicar Le siècle de Perón (El siglo de Perón).
Por qué lo entrevistamos
Porque sigue desde hace 53 años el derrotero político de la Argentina, y acaba de sumar un nuevo libro a su producción.
Fuente:
La Nación, Buenos Aires, Domingo 08/01/2017

sábado, 26 de noviembre de 2016

LA OTRA VUELTA DE OBLIGADO

Lucio Norberto Mansilla.


Por David Rock*



El prestigioso historiador británico David Rock, profesor de la Universidad de California, quiso intervenir en la polémica que en esta misma página sostuvieron Pacho O'Donnell y Luis Alberto Romero sobre la Vuelta de Obligado y la visión oficial del nacionalismo argentino.

Como inglés nativo, no veo la década que siguió a 1840, al decir de Churchill, como nuestra hora más gloriosa o " finest hour". En el colegio, a esa década la llamábamos "los años cuarenta hambrientos", no sólo por la catastrófica hambruna irlandesa, sino por la prolongada recesión económica que perjudicó seriamente las vidas de los obreros británicos. Las presiones económicas internas provocaron varias aventuras imperialistas en el exterior, entre otras, las guerras infames del opio contra el imperio chino y la intervención de 1845 en el Río de la Plata. Sólo cerca de 25 miembros de las tropas francesas e inglesas murieron en el conflicto de la Vuelta de Obligado, un acontecimiento casi olvidado en Francia y Gran Bretaña. Las pérdidas argentinas fueron mucho mayores: posiblemente hubo hasta mil muertos. La "batalla" recuerda los episodios imperialistas típicos en la India o en África, en los cuales por cada muerto europeo perecieron cincuenta nativos. Pacho O'Donnell define el incidente como "una de las mayores epopeyas militares de nuestra historia". Si eso fuera verdad, la República Argentina habría tenido una existencia casi idílica. Ojalá la historia británica hubiera sido la misma. En Gran Bretaña, el lenguaje de O'Donnell se aplicaría a acontecimientos como el primer día de la Batalla del Somme, el 1° de julio de 1916, cuando sesenta mil soldados ingleses cayeron en los primeros treinta minutos del enfrentamiento, ante las ametralladoras alemanas. A pesar de su lenguaje exagerado, el artículo de O'Donnell tiene un cierto contenido analítico. Enfatiza, correctamente, la importancia de los barcos de vapor en el conflicto de 1845. Lord Palmerston veía al río Paraná como un sitio ideal para probar los barcos de vapor como máquinas bélicas. Los constructores de este tipo de buques en Inglaterra querían aumentar su producción si aparecían los mercados compradores. Algunos comerciantes de Liverpool soñaron con convertir al gran río (que creían conectado directamente al río Amazonas, a través de las junglas brasileñas) en un segundo Mississippi. Como señala O'Donnell, algunos comerciantes británicos concibieron el plan de redefinir el mapa político de la región del Plata, reduciendo el territorio de la Confederación Argentina y aumentando el de la República del Uruguay. La batalla de la Vuelta de Obligado resultó una derrota para Rosas, aunque posteriormente él pudo reclamar una victoria estratégica, cuando los británicos abandonaron su acción bélica y volvieron a la diplomacia. Estos evitaron cualquier medida violenta en la construcción de su imperio de negocios en la Argentina. Aunque no discrepo totalmente con O'Donnell, comparto la crítica de Romero de su versión de romanticismo histórico. Nadie debe olvidarse del papel de la demagogia revisionista en la tragedia argentina de los años 70 del siglo pasado. Romero resume bien las opiniones de muchos historiadores distinguidos y confiables. Sin embargo, tanto él como O'Donnell no mencionan varios aspectos de la intervención de 1845 que son cruciales para su mejor comprensión. Bien conocido, por ejemplo, es el largo esfuerzo de Rosas por controlar la Banda Oriental; estos conflictos marcaron la continuación de la competencia entre Buenos Aires y Montevideo para dominar el comercio del Río de la Plata, que había empezado en el período colonial. El conflicto tipificó esta época de la historia latinoamericana después de la independencia. Los caudillos y los Estados-ciudades luchaban por la hegemonía de una manera más parecida a las guerras de la Grecia Antigua o la Italia del Renacimiento que a las luchas nacionales-populares europeas durante las revoluciones de 1848. Ni O'Donnell ni Romero enfrentan los antecedentes de la participación de Francia y Gran Bretaña en el conflicto de 1845. Los franceses estaban concentrados en Montevideo; se opusieron a Rosas porque él les aplicó políticas discriminatorias; pasaron todo el período de Luis Felipe (1830-1848) tratando de derrocarlo. Bien distinto de la invasión de México durante el régimen siguiente de Napoleón III, los orleanistas trabajaron contra Rosas a través de bloqueos y socios locales como el general Juan Galo Lavalle. Los franceses nunca quisieron lanzar una invasión en tierra con tropas europeas, pues temieron que esto resultara un desastre costoso. A diferencia de los franceses, los británicos habían establecido una presencia en ambas bandas del Río de la Plata. Buenos Aires atrajo a los británicos porque ofrecía acceso a mayores mercados y a productos vacunos de exportación. Por su parte, Montevideo tenía un puerto más caudaloso que Buenos Aires, y más cerca del Atlántico; además, sus autoridades solían demostrar más voluntad de cooperar con los comerciantes británicos. En 1845, los comerciantes británicos de Montevideo convencieron a sus socios en Liverpool de montar una campaña bélica contra Rosas. Argumentaron que Montevideo pronto podría convertirse en la base de un nuevo comercio muy apreciable hacia el interior sudamericano, a través del Paraná. Para cumplir este plan, era necesario eliminar la oposición de Rosas. Los propagandistas siempre escondieron su verdadera razón: una acción contra Rosas por un bloqueo a Buenos Aires les daría el monopolio sobre el comercio existente en el Río de la Plata. El conflicto de 1845 significó una lucha entre grupos de políticos y comerciantes en competencia por la hegemonía comercial. Marcó una nueva etapa en la larga pelea entre Buenos Aires y Montevideo por la supremacía en el Río de la Plata. Samuel Lafone merece una mención destacada en los anales del imperialismo victoriano. El lanzó la visión del comercio a vapor entre Montevideo y el alto Paraná; concibió el plan de redefinir las fronteras entre la Argentina y Uruguay a beneficio del segundo; en los años 50, gestó el desarrollo de las islas Malvinas, desde Montevideo. En 1845, Lafone convenció a William Ouseley, el enviado diplomático de Aberdeen, de enviar la expedición naval, junto con los franceses, por el Paraná y emprender el ataque a las tropas rosistas en la Vuelta de Obligado. A pesar de su triunfo militar, los británicos sacaron escaso provecho de su agresiva aventura, porque las oportunidades comerciales de la región del Paraná y del Paraguay fueron casi nulas. Aberdeen había ordenado a su enviado utilizar la fuerza como último resorte y pronto condenó la entrada forzada al Paraná. Rápidamente, la opinión pública inglesa se dio cuenta de que la intervención contra Rosas producía grandes ganancias para los comerciantes de Montevideo, pero provocaba el descenso del comercio británico. La oposición creció a tal punto que a principios de 1846 los británicos abandonaban toda su anterior estrategia. Como ocurrió repetidas veces en el siglo XIX, el imperialismo británico se formó menos como resultado de una política gestada en Londres que por las acciones de los agentes comerciales locales o " men on the spot ", en este caso, Lafone y Ouseley. "No somos ni Argelia ni la India", declaró gallardamente Rosas, cuando las fuerzas británicas se habían retirado. A pesar de su oposición a la intervención, el gobernador aceptó plenamente la idea de una asociación comercial con los europeos. En 1847, el diario pro rosista escrito en inglés en Buenos Aires, The British Packet , publicó un manifiesto sosteniendo que una relación con Gran Bretaña que hoy llamaríamos "imperialismo informal" sería provechosa para ambas partes. El diario llamó a los británicos a enviar obreros y granjeros a Buenos Aires, que se dedicarían al comercio y al sector rural. De haber venido, los británicos hubieran gozado, según el diario, de "todos los beneficios de una colonia sin costo ni responsabilidad". Los rosistas también proponían el tipo de relación con Gran Bretaña que de hecho se materializó hacia fines del siglo XIX. Lo que hoy los revisionistas condenan como "la oligarquía antinacional o entreguista" asociada con los británicos? ¡incluiría a Rosas mismo! Obviamente, lo propuesto por Rosas tuvo el apoyo de los británicos establecidos en Buenos Aires. Ellos peticionaron al Foreign Office que se abandonara la intervención militar y rehusaron el consejo de Ouseley de salir de Buenos Aires. Todos se mantuvieron leales a Rosas y defensores de la soberanía provincial. Conozco a un solo entusiasta de una hipotética conquista militar británica de Buenos Aires. Irónicamente, un irlandés. En 1845-1847, Antonio Fahy, un cura empobrecido y recién llegado, pidió un subsidio del gobierno británico anunciando su voluntad de actuar como un líder colonial, sobre la base de su prestigio dentro de la comunidad irlandesa de Buenos Aires. Una narrativa acertada de los sucesos de 1840 en el Río de la Plata subraya lo anacrónico de la terminología empleada por O'Donnell: "democracia popular", "soberanía nacional" y "nacionalismo", por ejemplo. La batalla de la Vuelta de Obligado fue una masacre de "nativos" típica de su tiempo. Más que un arquetipo del nacionalismo popular, Rosas era un dictador de un Estado-ciudad que, a la vez que supo defender su propio territorio, también deseó siempre una relación cercana y provechosa con los países imperialistas. Como nota Romero, aquellos años pertenecieron a la época prenacional y prenacionalista de la Argentina. Los intelectuales liberales preclaros, como Alberdi y Sarmiento, soñaban con una república consolidada que emulara la pujanza democrática y republicana de Estados Unidos. Pero en aquella época sus proyectos todavía se hallaban muy lejos del imaginario de la masa popular.
*El autor, historiador británico, es especialista en historia política argentina.
Fuente:
La Nación, Buenos Aires, Lunes 06/12/2010
http://www.lanacion.com.ar/1331065-la-otra-vuelta-de-obligado   

domingo, 6 de noviembre de 2016

CONGRESO INTERNACIONAL DE ABOGACÍA PÚBLICA: "HACIA LA RECUPERACIÓN DE LA CALIDAD INSTITUCIONAL"



CONGRESO INTERNACIONAL DE ABOGACÍA PÚBLICA – PROGRAMA TENTATIVO


FECHA: MIÉRCOLES 23 Y JUEVES 24, DE NOVIEMBRE DE 2016.
LUGAR: HOTEL PANAMERICANO.

TÍTULO:

HACIA LA RECUPERACIÓN
DE LA CALIDAD INSTITUCIONAL
Bicentenario de la Declaración de la Independencia

PROGRAMA:


MIÉRCOLES 23/11/16

08.30 – 10.00 hs.: ACREDITACIONES – PRIMER COFFEE

10.00 – 11.00 hs.: APERTURA

11.00 – 12.00 PRIMER PANEL: MODERNIZACIÓN Y EFICACIA EN LA GESTIÓN ESTATAL
-          Justicia2020
-          Modernización en la gestión administrativa
-          Capacitación técnico-profesional

12.00 hs. – 13.00 hs. SEGUNDO PANEL: FUNCIONES DEL ESTADO EN EL PANORAMA INTERNACIONAL

13.00 a 14.30 hs. ALMUERZO

14.30: REINICIO

14.30 hs. a 16.30 hs. TERCER PANEL: PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y ÉTICA PÚBLICA
-          Acceso a la Información y otras técnicas de participación.
-          Transparencia en el sector público. Recupero de activos.

16.30 – 17.00 hs.: SEGUNDO COFFEE

17.00 – 18.00 hs.: “LIVING”: “Los abogados en la construcción del Estado” Dres.  María Sáenz Quesada, Luis Alberto Romero y Sandro Olaza Pallero.

20.30 hs. – CENA

JUEVES 24/11/16

8.30 – 9.30 hs.: TERCER COFFEE

9.30 – 11.00 hs.: CUARTO PANEL: DESARROLLO ECONÓMICO Y SEGURIDAD JURÍDICA
-          Asociación público-privada. El nuevo der. adm como mixtura de derecho público y privado.
-          Tratados bilaterales de inversión extranjera.

11.00 – 13.00 hs.: QUINTO PANEL: NUEVOS ROLES EN LA ABOGACÍA PÚBLICA
-          La abogacía estatal.
-          La Procuración del Tesoro de la Nación y el Cuerpo de Abogados del Estado.

13.00 – 14.30 hs.: ALMUERZO

14.30 – 16.30 hs.: SEXTO PANEL: NUEVOS DESAFÍOS NORMATIVOS
-          Desarrollos en el derecho público local (Provincia de Buenos Aires y CABA)
-          Perspectivas sobre el Derecho Administrativo

16.30 – 17.00 hs.: CUARTO COFFEE

17.00 – 18.00 hs.: SÉPTIMO PANEL: PERIODISMO Y CALIDAD INSTITUCIONAL
-          “Living”: Periodistas-abogados sobre la calidad institucional.

18.00 hs.: CIERRE
-          Discurso de cierre


18.15 – 19.00 hs.: ENTREGA DE CERTIFICADOS

miércoles, 21 de septiembre de 2016

PERONISMO, LA EMULACIÓN DEL FASCISMO


Juan Domingo Perón y Carlos Ibáñez del Campo en el desfile del 9 de julio de 1949.


Benito Mussolini.


El peronismo tuvo, como se sabe, orígenes fascistas. Fascista fue la revolución militar de 1943 de la que emergió a la política nacional. La concepción de Benito Mussolini de que es un movimiento y no un partido lo que está en la esencia del fascismo penetró en las bases teóricas y prácticas sobre las que se asentó el primer gobierno del general Juan Perón. Si no se quisiera menear la política del cachiporrazo, a la que fueron tan adictos los elementos de choque del nacionalismo peronista de los días iniciales, podría invocarse en su defecto el calco existente entre la legislación argentina de entidades gremiales, de 1945, y la famosa Carta del Lavoro (1927), que la precedió en Italia. Los primeros fueron los tiempos del fascismo de derecha, el que se cultivó aquí en medio de la ambigüedad que la prudencia recomendaba frente a los malos augurios bélicos que perseguían como sombra al eje formado entre Berlín y Roma. La subversión y el terrorismo que despuntaron a fines de los años 60 a sangre y fuego con los asesinatos de dirigentes sindicales como Augusto Vandor y José Alonso y del ex presidente militar Pedro E. Aramburu abrieron en la Argentina el turno de un peronismo de nueva generación, travestido en fascismo de izquierda. Uno de sus más enconados enemigos fue el otro fascismo, el de derecha, atrincherado en filas parapoliciales con el nombre de la Triple A. Ninguna de esas expresiones de criminalidad política fue mejor, ni podía serlo, que el respectivo reverso. Los iguales no son distintos: la nota dominante de ambos fascismos locales estuvo en la apelación a la fuerza, no a las ideas o al debate, para doblegar contrincantes o para imponer supremacías. El fascismo nació al cabo de la Primera Guerra Mundial como una extraña facturación de nacionalismo tribal y socialismo antimarxista. Así lo definieron, en la década del 30, intelectuales como Gentile, Primo de Rivera, Mosley, Degüelle y La Rochelle. Mussolini había militado en el Partido Socialista italiano hasta 1914. Rompió por diferencias insalvables entre un partido de tibios y él, que se consideraba "el más tenaz creyente en la guerra". Con ese precedente nació el fascismo. Respuesta siniestra de una Italia decepcionada por haber estado entre los países victoriosos en la guerra de 1914-1918 y haber perdido, sin embargo, en la mesa de negociaciones diplomáticas lo que pedía para estabilizar las fronteras entre los Alpes y el Adriático y consumar la anexión, entre otros territorios, de la Dalmacia que sería parte de la nueva Yugoslavia. Nadie podría decir que la política exterior del peronismo, ni antes ni ahora, ha sido más clara y precisa que aquella de Mussolini. Tampoco ha sido diferente en orden a algunas cuestiones de política interna, como esa comunión de métodos para resolver con intemperancia, y hasta con manipulación desenfadada, las controversias naturales en la marcha de un gobierno. Se puede trazar, en ese sentido, una larga lista de temas de viva actualidad, imputables al ala gobernante del peronismo, en la que nidifican sus más persistentes complejos y arrogancias. Las manifestaciones de prepotencia reiterada del secretario de Comercio, sin que la Presidenta lo ponga en quicio. La falsificación abierta de cifras y estadísticas oficiales. Los ataques constantes a la prensa ajena a los dictados oficialistas. La regulación de los contenidos de los medios de comunicación, cuya genealogía se remonta al decreto 23.408 de la dictadura de 1943 y, de allí, al código mussoliniano sobre radiodifusión, de 1924. Los enfrentamientos con el agro y el dictado de medidas para perjudicarlo. La sobreactuación institucional de los gremios afines a la Casa Rosada. El exagerado culto de la personalidad y la sumisión de legisladores y gobernadores a lo que dispone el poder central. El abuso del poder de policía administrativo. El tendido de redes clientelares a través de favores prebendarios. La persecución de figuras independientes u opositoras a través del aparato de inteligencia del Estado. La exaltación de las corporaciones en detrimento de los partidos políticos. El avasallamiento de poderes independientes, sobre todo el Judicial. El alineamiento con regímenes autoritarios como el de Hugo Chávez. El fascismo luchó, es cierto, contra el marxismo, pero con aun mayor convicción y aptitudes naturales lo hizo contra el liberalismo. Por haber sido profundamente intervencionista y corporativista, postuló que las libertades individuales se deben ejercer sólo dentro de las pautas determinadas por el Estado omnipotente, encarnado en un liderazgo infalible. En el campo de esa interpretación de fenómenos sociales y políticos, no hay lugar para una genuina libertad de prensa, sino para un periodismo genuflexo y complaciente. Por lo que se observa de éste, su funcionamiento deficitario cuesta ingentes sumas al erario. Pero qué importa, si pagan los contribuyentes.
Fuente:
“Editorial”, en La Nación, Buenos Aires, 13 de febrero de 2011.

Archivo del blog